Travel

La primera vez que lloré en un avión

Aparte de las drogas, emborracharse o las relaciones sexuales, hay muchas más cosas que se hacen por primera vez. Como por ejemplo visitar un país por primera vez, vivir sola o subirse a un avión por primera vez. Nunca me había subido a un avión y para mi mala suerte, la primera vez que me subí a un avión fue para irme a vivir a otro país totalmente diferente y cruzando todo el continente americano.

Desde que tomé el primer vuelo de conexión para llegar a Houston iba decidida y contenta porque iba yo sola contra el mundo. A pesar de que nunca había tocado un aeropuerto pude sobrevivir a las revisiones, el tablero de vuelos y sus cambios, además de otro idioma, todo iba bien hasta que me tocó cruzar el atlántico.

Y ahí, desde las alturas y tras varias horas de vuelo me puse a llorar en la oscuridad del avión, ocultando mis lágrimas entre las azafatas, pasajeros y la pareja de viejos a mi lado. Lloraba por el miedo, no por el que me producía estar en las alturas si bien, era mi primera vez viajando en avión — lloraba por lo desconocido, el no poder controlar mi futuro, el querer en ese momento ser más que Dios y poder recorrer mi vida para saber que iba a estar bien. Pero no, seguí llorando y aunque soy una persona de FE y también muy aventada, me puse a orar, pidiendo algo para saber que todo iba a estar bien. Pero nada ocurrió, me quedé ahí dormida escuchando una y otra vez “When oceans rise”.

Fue un episodio muy triste, porque de repente me acobardé y me puse a llorar esperando que alguien me consolara o que se yo, pero nada. Hasta ese momento fue donde me puse a pensar “¿Qué estoy haciendo?”, en donde me acordé que muy apenas y podía cocinar huevos ¿Qué iba a comer?, también me acordé de que me “engento” luego luego y de que me daba pena preguntar, así que ¿Qué iba a hacer?.

Todo eso ya no servía de nada, pues ya casi iba llegando a Irlanda. Así que ni modo, me limpié las lágrimas con el peluche de la chamarra y me puse a ver una película, me quedé dormida nuevamente y así pasé mis 6 últimas horas de las 14 horas que me aventé para llegar a un país que me haría madurar meses más tarde.

Creo que esa es una parte de toda la aventura que viví en Europa durante casi 1 año, no me arrepiento y pienso que todas las personas deberían tener el derecho a por lo menos viajar una vez en su vida a otro continente, país o cultura totalmente diferente a la suya.

Me elevé tanto que podías ver las ficticias formaciones de los hombres en el suelo, el rastro geométrico de su esfuerzo por poseer esta tierra, las líneas paralelas de cemento y madera y los ríos de luces que circuncidaban una enorme ciudad, la cual vista desde las alturas no es más que una maqueta, una frágil maqueta. No es más que nada.

Karen_rer

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